Monthly Archives: April 2014

Acerca de…Decir adiós a un grande

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ImageCuando tenía diecinueve años le pregunté a mi novio en turno, cuya opinión en cultura yo apreciaba mucho, de que se trataba “Cien años de soledad”. Él me dijo muy seriamente que era un libro aburridísimo que se trataba de un tipo que se llamaba igual que otro tipo y que a lo largo del libro no iba a encontrar más que nombres repetidos una y otra vez. Yo que por aquél entonces era ingenua e impresionable, le creí todo lo que me dijo y pospuse la lectura del libro por un par de años.

Un día descubrí una edición vieja en el departamento de un amigo y se lo pedí prestado. Ese día mi vida cambió para siempre y viví por primera vez un apasionado romance literario con Gabriel García Márquez y los habitantes de Macondo. Durante el tiempo que me tomó leer el libro, difícilmente dormía porque no podía parar de leer; salía con amigas o con el novio y media hora después lo único que quería era regresar a casa porque no podía vivir con la zozobra y la incertidumbre de no saber que les estaba pasando a los Buendía durante mi ausencia. Siendo la lectora apasionada y sensible que soy, lloraba, reia, cerraba el libro para maldecir y hacía comentarios en voz alta en las madrugadas cuando me encontraba en alguna de las situaciones dolorosas de la historia.
“Cien años de soledad” se convirtió a partir de entonces en mi libro de cabecera , en mi guía para la vida y la Filosofía y lo leí al menos una vez al año durante quince años. He leído casi toda la obra de García Márquez, lo he amado, lo he odiado y lo he vuelto a querer una y otra vez.  He conseguido hermosas ediciones de  sus libros en pasta dura, he atosigado hasta la muerte a quien viaje a Colombia para que me traiga  bellas ediciones colombianas y colecciono ediciones en distintos idiomas de “Cien años de soledad”. Como autor favorito, nunca, pero de verdad , que nunca me decepcionó, así que  me siento con toda la autoridad del mundo para poder decir que Gabriel García Márquez forma y formará siempre parte de mi vida y parte de mi crecimiento no sólo como escritora, sino como ser humano. La obra de Márquez la llevo dentro de mí como se lleva un regalo muy preciado y es en mí ,como en sus millones de lectores  alrededor del mundo, parte de esta identidad latinoamericana que él mísmo dignificó y exaltó.
Bendito sea este oficio de escritor porque hoy que Gabo ha muerto, su obra vive; ésa, la muerte no se la puede ni se la podrá llevar.

El diecisiete de Abril, mi amiga y escritora Gaby Figueroa me mandó un mensaje de texto con la noticia del fallecimiento de Márquez, yo le contesté con una sola palabra, una palabra que sólo tiene sentido si la lees o si la dices con acento colombiano y en el contexto de “cien años”, una palabra que adoro desde el día en que salió de los labios  y el corazón inconforme de Úrsula Iguarán:

“Carajo”.

 

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Acerca de… La cortesía

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La semana pasada me tocó ir a renovar mi pasaporte. Fui dos veces a la oficina del consulado de México en Seattle. Nunca antes había estado ahí y en mis dos visitas me di cuenta que, al menos el área donde atienden a las personas que van a realizar trámites es pequeña comparada con las áreas que tienen dispuestas en las delegaciones de la ciudad de México para estos mismos fines. Antes de poder entrar a la oficina, hay una puerta de cristal que está resguardad por un policía, cuando uno llega, el policía pregunta que trámite viene a hacer y luego busca el nombre en una lista. Si el nombre está en la lista, te entrega una ficha y te deja entrar, si no, te dice lo que debes hacer o lo que hace falta pero no te deja entrar. Yo llegué muy tempranito, a la hora de mi cita, con todos mis papeles en un fólder . Como el policía no estaba, esperé un momento frente a la puerta, de ahí salió una señora muy apresurada que casi casi pasó por encima de mí. Yo mejor me hice a un lado para revisar la lista y vi con alivio que mi nombre estaba ahi escrito hasta el final, así que el policia  cuando regresó, muy amable me dejó pasar. Durante el tiempo de espera antes y después del trámite, me dediqué a observar a la gente que estaba a mi alrededor. Unos hablaban entre ellos, otros le pedían ayuda a algún desconocido que estuviera ahi cerca y otros, como yo, estábamos así calladitos observando. La puerta de cristal se abría y cerraba constantemente, la gente entraba y salía o al menos los que querían entrar giraban la manivela y cuando la puerta no cedía, alguien les explicaba que tenían que esperar hasta que llegara el policía. Ese día pasé tres horas en el consulado y me di cuenta de una cosa bien evidente y bien triste: Ninguna de las personas que llegaban, preguntaban, tocaban a la puerta o pasaban, dijeron nunca “disculpe” ,”por favor”, “gracias”.

Las personas llegaban con actitud defensiva, parecía que estuvieran esperando que los rechazaran o los trataran mal, y estaban tan ensimismados que no se percataban de que al dirigirse al policía lo hacían sin cortesía; igualmente las personas a quienes les abría la puerta y les dejaba pasar, nunca le dieron las gracias ni le pidieron que les abriera por favor. Hubo incluso una señora que los superó a todos: llegó con esos aires de quien “las puede todas”, intentó abrir la puerta y al ver que no cedió, tocó en el vidrio groseramente, luego murmuró entre dientes en inglés “Oh this fucking idiot” refiriéndose al policía. Un señor de los que esperaban, le dijo amablemente que ella también debía esperar y de nuevo la tipa dijo en inglés pero ahora en voz alta: “I don’t know what you’re talking about. I have an appointment” . El policía andaba perdido por ahí dentro de la oficina y no vino a abrir, pero la grosera bilingüe aprovechó la salida de una señora para colarse y entrar. Salió dos minutos después echando pestes y ya no regresó. Supongo que le habrían cancelado su cita tan importante…(Mueca torcida)
En fin, yo ya me había dado cuenta desde las últimas veces que estuve en mi país que  todo el mundo está muy enojado, que todos están listos para explotar, listos para mentártela, listos para la agresión y ya se que cómo no, si la violencia y la inseguridad han ido permeando todo, lentamente, poco a poquito hasta llegar a los más básicos principios de cortesía y minarlos. Las personas en estos días, son menos corteses y sucede que pasan encima de ti  y se siguen de frente, sin disculparse, y también pasa que todos se hacen los dormidos en el metro para no ceder su lugar, y ves ahí a las ancianas y ancianos y a las mujeres embarazadas de pie en el transporte público y hombres, mujeres y niños se hacen como que no ven. Y  en la vida en general y dentro de las familias ya casi nadie usa las palabras mágicas y  veo madres y padres a quienes sus hijos no les piden las cosas por favor, sino que les ordenan y los padres ni se dan por enterados y para ser sincera,  lo que de verdad me incomoda no es el hecho en si, sino ver que ya a nadie le importa.
Quizá algunos dirán que yo estoy exagerando. Podría ser. Podría ser también que cuando llegué a vivir a este país que no es el mío, me di cuenta de que la gente que sin querer te atropellaba en el super, te ofrecía disculpas, es mas, a veces ni siquiera te habían tocado, pero pasaban delante de ti para alcanzar un producto y se excusaban con una sonrisa, y los desconocidos en la calle me saludaban aunque fuera con un asentimiento y los coches se detenían en los pasos del estacionamiento para dejar pasar primero a la gente y lo siguen haciendo, y eso te hace sentir bien, como que existes, como que todavía eres un ser humano.

Mi amiga Ajalie Saint Georges, que es canadiense, visitó  conmigo la ciudad de México el verano pasado y me decía con mucho asombro “Oye, que bárbaros, que amables los mexicanos y que linda es la gente”. Imagínense lo que hubiera dicho si hubiera visitado hace veinticinco años cuando México estaba tranquilo, todos estábamos más relajados y nuestras abuelas todavía dirigían la orquesta de la cortesía y la amabilidad.