Monthly Archives: March 2014

Acerca de… “Seattle Escribe”

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Hace algunos meses, al final del año anterior me sentía de cierto modo desesperada e incierta respecto a mi posible carrera como escritora. A pesar de tener ya algunos manuscritos terminados y haber enviado algunas de mis obras  a concursos internacionales, no sentía que realmente estuviera avanzando hacia ninguna parte.  Verán: para una escritora el placer de escribir no se reduce sólo al hecho de crear una obra escrita. La escritora no puede desarrollarse si se encuentra confinada a su propio mundo interior. Hace falta siempre contar con una audiencia privada, gente cercana que le ofrezca opiniones y sugerencias para mejorar. En mi caso las cosas se habían puesto difíciles considerando varios factores. El más importante de ellos, el hecho de que no me resulta sencillo compartir mi obra con gente que no sea extremadamente cercana y de mi absoluta confianza; y otras razones secundarias, como el hecho de que vivo en un país extranjero y que en mi círculo de personas cercanas se encontrara gente de buena voluntad pero sin ningún interés por leerme o sin alguna experiencia respecto a las artes “escribitorias” (Sonrisa)

Así de reducido como estaba el círculo, el pobre de mi marido ya estaba mareado de tanto que lo atosigaba para que me leyera y me críticara y,  a pesar de que es un hombre muy inteligente, no posee la experiencia en el área para ofrecerme la retroalimentación que yo verdaderamente necesitaba. Ocurría lo mismo con mis familiares y amigos a quienes les ofrecía mis escritos para analizar. La crítica o las sugerencias se reducían a bonitos comentarios acerca de mi creatividad o la naturaleza de los escritos. Mi amiga Gaby, también escritora y actríz era lo más cercano que tenía  a mano para esos fines creativos, pero separadas por país y con las múltiples ocupaciones de ella, la comunicación tenía largos periodos de interrupción que a mí me llenaban de desesperación.

Así estaban las cosas a fines del 2013, cuando comencé a meterme en la cabeza la idea de que si las oportunidades y los círculos no existían, debía de alguna manera imaginarlos para empezar a encontrarlos y si no los encontraba entonces debía empezar a crearlos yo misma.  Mi trabajo de imaginación y deseo debe haber funcionado a la perfección porque no tuve necesidad de crear absolutamente nada. El círculo de escritores llegó a mi, por aquella extraña regla de los “seis grados de separación” y así fue como una amiga me presentó a otra amiga que era escritora y que por los días en los que nos conectamos, había sido invitada a impartir unos talleres de escritura en español en la biblioteca pública de Seattle.

El Sábado primero de Febrero de 2014  a las nueve y cincuenta y cinco de la mañana, me encontré frente a la puerta de entrada de la biblioteca central, muerta de frío y rodeada de menesterosos que esperaban que  se abrieran las puertas del recinto para poder entrar y disfrutar del calorcito artificial de la calefacción y de pasadita checar sus correos electrónicos en las computadoras gratuitas. Después de haberme perdido por más o menos diez minutos, llegué al piso y busqué el salón. En el pasillo me encontré con una amable señora que estaba pegando una etiqueta en una puerta…esa señora resultó ser mi reciente amiga virtual, la escritora que iba a impartir los talleres, María de Lourdes Victoria.

Cuando la puerta del salón se cerró por fin y comenzaron las sesiones del taller, no me imaginaba el mundo nuevo que iba a descubrir y no me refiero a la riqueza y utilidad de los talleres que hemos recibido y que es incuestionable; no.  Me refiero a otra cosa. En ese salón, en esa reunión y en las sesiones subsecuentes descubrí  lo que había estado buscando por tanto tiempo para dar un paso adelante en mi carrera de escritora: un grupo de personas con intereses iguales a los míos y al mismo tiempo únicas en sus deseos individuales. Personas de diferentes edades, nacionalidades, extractos sociales pero unidas con un sólo propósito: crear  y compartir Literatura en español.  Personas ávidas de ser leidas, ávidas de compartir sus puntos de vista respecto al oficio de escribir y ávidas de aprender unos de las experiencias de otros.
Unos querían comentar, otros compartir, otros querían recibir información, otros deseaban saber que leer.

Aquél Sábado fantástico, me sentí como un naufrago cuando por fin es encontrado por un trasatlántico y rescatado de su miseria.

Sabía que había llegado al lugar correcto y que a partir de los talleres, el aislamiento literario había terminado para mí.

No me equivoqué.

El grupo de escritores hispanos “Seattle Escribe” presentará su primera lectura pública, el día 14 de Junio de 2014 en la biblioteca pública de la ciudad de Seattle a las cuatro de la tarde.

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Acerca de… Publicar

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imagesCuando en mi imaginación nacía la idea de alguna historia, lo primero que me pasaba por la mente era publicar. Luego cuando ya estaba en el proceso, trabajando en ella, dándole forma, inventando personajes y situaciones, la visión de publicar se iba volviendo lejana, distante y finalmente se convertía en una especie de misión imposible.
¿Cómo iba a llegar al paso de la publicación cuando había tanto trabajo de edición y corrección por hacer? Pasaban los días, los meses, los años y el trabajo no parecía que fuera a terminar. !Imposible!

Salté la barrera de mis propios imposibles la semana pasada, el día de la Primavera, el veintiuno de Marzo cuando después de un proceso de tres meses en el que los astros se alinearon, Dios puso a las personas correctas en mi camino y decidí dejar de postergar las cosas importantes, por fin mi primer libro dejó de ser una fantasía, un miedo, un archivo escondido en mi computadora y se convirtió de pronto en una realidad fantástica.

Describir lo que se siente al recibir el primer volumen de tu propio libro  y tomarlo entre las manos; ésa, sí que es una tarea imposible.

No sabía que hacer con él.
Descubrí el paquete cuando abrí la caja del correo y a pesar de saber perfectamente lo que era, lo ignoré por un par de horas. Cuando lo saqué de la caja del correo, lo revolví con los demás sobres para que el muy presumido no se sintiera tan importante. Le ordené a mi corazón que calmara sus latidos ansiosos y me dirigí de regreso a la casa jalando la correa de Chocolat quién, indiferente a mis sensaciones, olfateaba los aromas de la primavera. Abrí la puerta de nuestra casa, solté la correa, separé el correo normal del sobre de cartón en el que estaba envuelto el libro. Puse el correo en su lugar y coloqué el paquete en el suelo, en el tapete verde que está en la entrada de mi casa. Lo observé por un momento y después decidí que era hora de ir a podar las plantas muertas del jardín. No me había parado en nuestro jardín al menos en tres meses; casi todo el tiempo que duró el invierno, sin embargo en ese momento, la urgencia de ir a  ponerme los guantes, sacar las tijeras gigantes e ir a podar fue lo más poderoso que hubo en mi mente. Trabajé podando y sudando por una hora sin pensar absolutamente en nada más, luego celebré mi trabajo encendiendo un cigarrillo y no fue hasta que apagué la colilla que decidí volver a entrar a la casa, lavarme las manos, tomar el paquete y rasgar el cartón para ver el libro. ¿Por qué?

Me parece que a veces, cuando he acariciado una idea o un sueño por mucho tiempo, cuando finalmente llega el momento en  el que  aquello que he deseado tanto se convierte en  una realidad, algo me pasa y me aterro. Me ha ocurrido muchas veces, de muchas maneras diferentes pero el terror siempre aparece y he tenido que digerirlo por cierto espacio de tiempo antes de pasar a la etapa  de la realización y el disfrute.
Afortunadamente en esta ocasión el proceso sólo me tomó una hora y un montón de helechos despanzurrados.

Mi libro ya está,  ya es; ya existe y es tan hermoso que el sólo hecho de verlo me provoca ganas de llorar.
Mi amiga María de Lourdes Victoria me dijo: “Abrázalo, arrúllalo, huélelo, es tuyo” y eso fue precisamente lo que hice, lo acuné en mis manos, lo hojeé con mucho cuidado, leí algunos de sus párrafos, conté sus hojas, acaricié su suave portada y lo besé llena de gratitud hacia Dios por tantos sueños cumplidos…

Mi flamante libro nuevo, es una joya  preciosa y valiosísima para mí; es un hermoso objeto que tiene vida propia y está esperando ser descubierto por amables espíritus aventureros que sucumban al deseo de navegar entre sus páginas.